Descamisados

La Patria en Peligro


25 de mayo de 2016

Fernando Gómez


Editorial de Fernando Gómez, Secretario Político de Descamisados en Oveja Negra Radio que se emite todos los martes de 22 a 24 en AM 740 Radio Rebelde

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Hace más de doscientos años que dos proyectos antagónicos de país vienen batallando a lo largo de nuestra historia.


Aquella gesta liberadora que encuentra en San Martín su síntesis, que halló en Rosas al intérprete de un tiempo en el que la soberanía y nuestra integridad federal se ponia en riesgo, se sintetiza en aquellos años de felicidad para nuestro pueblo durante los gobiernos del general Perón que marcaron en forma indeleble los últimos setenta años de historia.


Un proyecto de Patria Grande, integrada continentalmente, que ordenara su desarrollo productivo e industrial a fortalecer el mercado interno y generar trabajo para la dignidad de sus habitantes. Un modelo de país en el que el Estado no constituye un estorbo sino la herramienta para garantizar la integridad territorial, defender la soberanía, la independenia económica de la Nación y garantizar una equitativa distribución de la riqueza.


Nuestro proyecto de país, en el que la política resulta una herramienta para transformar el curso de la historia en favor de los intereses de los más humildes, que abraza la democracia hasta el paroxismo de poner en jaque sus propios objetivos, encontró en nuestra historia reciente a Néstor, primero, y luego a Cristina Kirchner, como intérpretes indispensables de un tiempo que aún precisa matizar límites y contradicciones.


Los sueños y esperanzas de éste modelo de país, y con él, el de millones y millones de compatriotas, votaran a quien votaran, volvieron a quedar inconclusos el 10 de Diciembre de 2015. Fue cuando arribó a la presidencia Mauricio Macri y junto a su gabinete de saqueo, volvieron a irrumpir en nuestra historia los herederos de Pavón y Caseros. Los nietos de la Revolución Fusiladora del 55, los hijos de la dictadura genocida de 1976, la versión mas cruda del neoliberalismo que puso en jaque la Nación durante la década del 90.


Son el Mitrismo del Siglo XXI, los herederos de Sarmiento y Rivadavia que siguen pensando en una Argentina del tamaño de Francia, donde viva dignamente el cinco por ciento de su población actual.


Mantienen vigente su sueño de una republiqueta semicolonial que oficie como granero de las grandes potencias. Que abra sus puertos y territorios a las oportunidades de las multinacionales que pretenden saquear los recursos de ésta tierra y condene a sus trabajadores a la miseria.


Por primera vez en su historia, alcanzan el gobierno por el camino de una democracia, que aún imperfecta, les garantizó una victoria en el plano electoral.


Sin embargo, a poco más de cinco meses, el gobierno de Mauricio Macri comenzó a traicionar la voluntad popular que lo depositó allí, poniendo en severa crisis su legitimidad de orígen y desnudando los genuinos intereses que han llegado a defender.


En la conformación de su gabinete, Mauricio Macri nombró a gerentes, directores, abogados, socios y accionistas de las veinte empresas transnacionales de mayor facturación en el país.


A fuerza de decretos de necesidad y urgencia han materializado una devalución del 50% de la moneda que significó una transferencia brutal de divisas a las arcas de las empresas que representan los gerentes a cargo del gobierno, constituyendo la punta de lanza de la disparada inflacionaria que licuó el bolsillo de millones de trabajadores.


Han eliminado retenciones a las exportaciones, multiplicando las gananacias de cuatro grandes cerealeras agroexportadoras y de Techint, mientras las economias regionales y las PYMES industriales asisten atónitas ante el incremento sideral de tarifas de servicios y combustibles, que incrementan costos en un mercado interno cada vez mas contraído.


Están desmantelando el Estado, despidos masivos mediante, para transformarlo en ineficaz a la hora de frenar la voracidad de los grupos económicos. Y aún peor, para constituirlo como herramienta inútil para atender la demanda de los más humildes que se están cayendo de la consideración macroeconómica de quienes gobiernan.


En éstos últimos días, hemos asistido a la versión más cínica de un gobierno que hace de la hipocresía su método de acción política.


Mauricio Macri decidió anunciar que vetará la ley sancionada por mayoría legislativa abrumadora que ponía un freno a la creciente ola de despidos. Una ley nacida al calor de la gigantezca movilización de unidad de las centrales sindicales que puso en blanco sobre negro el avance de la desocupación como herramienta disciplinadora del trabajo y el salario.


Lo hizo desde Cresta Roja, una empresa que reincorporó a un tercio de sus trabajadores bajo una modalidad flexibilizada de contrato temporario y con una pérdida salarial enorme que afecta el bolsillo de los que, hasta hace dos minutos, engrosaban la lista de desocupados.


Como filosofía balbuceante de éste tiempo, volvió a argumentar que los trabajadores que defienden su trabajo, sólo atacan la generación de empleo. Una filosofía que, pronunciada con honestidad, indica que las pretendidas inversiones externas llegarán a la Argentina sólo si pueden contratar personal con un salario bajo y en condiciones de explotación.


Para alcanzar ese objetivo, Macri está dispuesto a llevarse puesto hasta el ropaje institucional mínimo de la democracia institucionalista que dicen defender a ultranza. Podría haberle pedido a las Cámaras Empresarias (Sociedad Rural, AEA, ABA, UIA) que en realidad gobiernan, que presenten recursos de amparo ante algún juez amigo que les dicte una cautelar de ocasión y evitarse un dilema político.


Pero no. Está decidido a mostrar que su autoridad añida en la representación de los intereses de los grupos económicos y las cámaras patronales. Y si para ello es necesario llevarse puesta la democracia misma, no le temblaría el pulso para hacerlo. Si no fuera tan sólo un cínico de ocasión, podría haber puesto en funcionamiento el ciclo represivo que intentó poner en marcha con el protocolo antipiquete de Patricia Bullrich. Pero no le da la nafta.


Porque aquí estamos los que emergimos del subsuelo de la Patria. Los que no conocemos de victorias definitivas, pero tampoco de derrotas absolutas. Los que al nacer en ésta tierra, hemos asumido que no habrán de construir el fin de la historia de nuestra Patria, que nuestra vida es lucha, que nuestra identidad se forja en pelearla, siempre, con los dientes apretados.


Los que seguimos abrazados al peronismo, porque estamos llamados a ser protagonistas del conflicto, en ésta etapa para encabezarlo y organizar la mayoría política que nos permita volver al gobierno y transformar el conflicto en un derecho efectivo.


Los que damos batalla por el sentido histórico del peronismo, para que volver implique retomar con sentido profundizador la agenda que nos quedara inconclusa tras la derrota del 22 de Noviembre y luego de doce años de conquistas populares encabezadas por Nestor y Cristina.


Los que asumimos como responsabilidad frente a la historia, aquél legado del General San Martín “cuando la Patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla”.

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