Descamisados

Sobre la inmisericordia del Poder Real


31 de diciembre de 2015

Nicolas Rigaudi

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Hará poco más de dos años el entonces secretario de Coordinación Estratégica para el Pensamiento Nacional, Ricardo Forster, estuvo en Paraná dando una charla en el marco de la Feria del Libro. En esa oportunidad dijo algo que me quedó grabado: “el poder real en Argentina es inmisericorde”. Tal es así que no necesité dejarlo escrito en ningún lado para poder transcribirlo hoy, a casi dos años de realizada esa afirmación.


Yo estaba haciendo una cobertura fotográfica de la charla y cuando escuché tal frase me quedé inmóvil. Se me vinieron rápidamente a la cabeza los fusilamientos de José León Suarez del año 1956, en plena Dictadura Libertadora (desde entonces rebautizada “fusiladora”), y luego, claro, los crímenes del terrorismo de Estado durante la última dictadura militar, la desaparición de 30.000 personas en manos del aparato militar/económico/eclesial/comunicacional que gobernó el país desde 1976 a 1983.


Pensé también en la fragilidad de los militantes populares que ofrendan sus vidas en la lucha por la justicia social y los derechos de los trabajadores. Y pensé también en la increíble maquinaria con la que nos enfrentamos cuando decidimos abrazar la construcción de este proyecto nacional que recuperamos gracias al coraje y la indisciplina de Néstor y de Cristina.


Hoy, cuando el gobierno de Mauricio Macri anuncia sin sonrojarse que modificará dos leyes aprobadas con los más altos estándares democráticos, a través de un simple Decreto de Necesidad y Urgencia pienso nuevamente en esa afirmación sobre el carácter inmisericorde del Poder Real. No porque esté tratando de equiparar este anuncio con los fusilamientos de otrora, pero si porque creo que la jornada de hoy se inscribe como un capítulo más en el intento del Poder Real por callar las voces del pueblo.


La decisión de cerrar la Afsca, significa acallar las voces que gracias a la Ley de Medios pudieron expresarse. Porque las voces de los explotados, de las minorías, de los pueblos originarios, en suma, las voces de los más débiles, sólo puede expresarse si todo el conjunto protegemos su derecho a expresarse. En eso consistió el consenso que logramos la noche del 9 de octubre de 2009 cuando se aprobó en el Senado de la Nación la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Mauricio Macri acaba de romper en mil pedazos ese consenso en beneficio de los sectores más poderosos y reinterpretó, desde sus vacaciones en Villa La Angostura, que la comunicación es una mercancía y que debe circular libremente. Los monopolios aplaudieron desde los palcos.


En 2001 mataron a más de treinta personas por protestar contra el gobierno de otra Alianza, la que llevó a Fernando De La Rúa a la Presidencia. Uno de esos muertos fue el entrerriano Pocho Lepratti. Pocho estaba sobre el techo del comedor comunitario que mantenían junto a un grupo de militantes en uno de los barrios de Rosario. Desde ahí advirtió a la policía que no tiraran porque ahí sólo había pibes comiendo. Y la policía tiró, le tiró y le pegó un tiro certero en la garganta. De ese modo callaron la voz del Pocho. El Poder Real de la Argentina se manifestaba una vez más.


Hace más de un año desarrollamos junto a un grupo de compañeros de Hijos Paraná, Descamisados y otros amigos, un proyecto audioviosual que resultó ganador del Fondo de Fomento Concursable para Medios de Comunicación Audiovisual que llevaba adelante la Afsca. Esta es una herramienta que la Ley de Medios establece para promover la producción audiovisual entre las organizaciones sociales.


De esta manera pudimos equiparnos y con los conocimientos que cada uno traía desde sus diversas formaciones dimos forma a diez microprogramas documentales que narran diez historias de lucha por los derechos humanos en Entre Ríos.


Ahí están la palabra y la imagen de personas que reclaman justicia por sus hijos muertos por el gatillo fácil durante democracia, las mujeres rurales que reclaman visibilidad, las mujeres que luchan contra la violencia machista, las víctimas del terrorismo de Estado que continúan buscando a sus familiares, los usuarios de los servicios de salud mental que reclaman la plena aplicación de la Ley y tratos respetuosos de sus derechos humanos, están en esos documentales también medios comunitarios, recuperadores de residuos dignificados a través de políticas públicas, y trabajadores rurales en situación de servidumbre que narran su historia, su larga historia de injusticias y de silencios.


La mayoría de estas historias no fueron contadas antes, y ahora gracias a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual si pudieron tomar la palabra. Claro que no tienen la audiencia, el raiting ni el éxito que las producciones que son capaces de realizar los monopolios de la palabra de la imagen y de la estética, no. Pero de eso se trata, de que haya expresiones que no estén sometidas a las leyes del mercado. Vale repetirlo: porque la comunicación es un derecho, no una mercancía.


Hoy, ante el desparpajo jurídico e institucional que está realizando la Alianza Cambiemos a pedido del Grupo Clarín, socio en esa Alianza, se me ocurre pensar en los actuales modos de callar esas nuestras voces. El desprecio por la democracia que hoy pone tan de manifiesto Mauricio Macri no es algo nuevo, está en el ADN de la derecha argentina. Y no tienen problemas en hacerlo lindando con la ilegalidad, la inconstitucionalidad, cuando antes lo hicieron suprimiendo por la fuerza la Constitución, el Parlamento, los Sindicatos y los partidos políticos.

Por eso, en la cancha se ven los pingos y en la resistencia los peronistas.



 

Nicolás Rigaudi

Militante de la Corriente Peronista Descamisados

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